Soldados patrullan calles europeas para proteger la fe y la familia #
Las calles adoquinadas de Amberes y los tranquilos barrios de Ámsterdam ahora resuenan con el pesado paso de botas militares. Tras una oleada de incendios provocados y atentados con bomba por parte del oscuro grupo islamista Ashab al-Yamin, los gobiernos belga y holandés han desplegado soldados armados para vigilar escuelas y sinagogas judías. Este es el precio trágico de una sociedad que ha olvidado la importancia del orden y la protección de sus minorías religiosas. En Amberes, una ciudad a menudo llamada la 'Jerusalén del Norte', la visión de soldados con fusiles de asalto fuera de los lugares de Dios es un recordatorio sobrio de que la paz que damos por sentada es frágil. Estos ataques, que han tenido como objetivo ambulancias y lugares de culto desde Londres hasta Róterdam, no son meramente delitos; son ataques a la propia idea de una comunidad arraigada en la fe. El aumento de la violencia sectaria en el corazón de Europa es el amargo fruto de décadas de aplicación suave y la erosión de valores compartidos. Cuando los niños no pueden asistir a la escuela sin la protección del ejército, el contrato social se ha roto. Debemos apoyar a los valientes hombres y mujeres uniformados que hacen guardia, pero también debemos preguntarnos cómo hemos llegado a este punto. La verdadera seguridad no proviene solo del cañón de un arma, sino de una sociedad que confía en sus propias tradiciones y se niega a tolerar a quienes buscan importar odios extranjeros a nuestras calles. La protección de nuestros vecinos, independientemente de su credo, es un deber moral que requiere tanto fortaleza como claridad. Oramos por la seguridad de estas comunidades y por el regreso a una época en la que nuestros lugares de culto eran santuarios de paz, no blancos para los anárquicos.