El espectáculo de la impunidad: Trump, Netanyahu y la muerte del derecho internacional #
La actual escalada en Oriente Medio ha despojado las últimas apariencias del internacionalismo liberal, revelando un orden global definido por el poder bruto y la burla de la justicia. En Washington, la grotesca intersección entre celebridad y diplomacia fue recientemente conmemorada por una estatua de Donald Trump y el fallecido Jeffrey Epstein, inspirada en una escena de 'Titanic'. Aunque los medios tradicionales tratan esto como una broma, sirve como un símbolo potente de la decadencia de la clase dominante estadounidense: una hermandad de riqueza que opera por encima de la ley. Esta cultura de impunidad no se limita a Occidente; es el manual operativo de sus estados clientes.
En una declaración reciente, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, desestimó las acusaciones de crímenes de guerra con un escalofriante desprecio por la vida humana que debería atormentar los pasillos de las Naciones Unidas. Al sugerir que los críticos carecen de la 'experiencia' de llevar a cabo guerras, Netanyahu argumenta efectivamente que solo los perpetradores de violencia tienen derecho a definir su legalidad. Su macabra broma sobre la falta de 'testigos vivos' en la huelga de la escuela Minab es más que una provocación; Es una confesión de una estrategia que apunta a la propia posibilidad de rendición de cuentas. La amenaza de 'fallos fatales' en los electrodomésticos personales de sus críticos sugiere un mundo en el que la infraestructura de la vida cotidiana—buscapersonas y aires acondicionados—se está utilizando como arma contra la voz de la disidencia.
Los propios comentarios de Trump sobre la crisis, incluida su 'oferta' para ser el Líder Supremo de Irán, reducen aún más las luchas a vida o muerte de millones a una subtrama de la televisión de realidad. Detrás de la fanfarronería se esconde una realidad aterradora: la administración estadounidense ve el colapso de Oriente Medio no como una catástrofe humanitaria, sino como una oportunidad para una mayor consolidación. Cuando Trump advierte a Vladimir Putin de que 'su día' está llegando, no habla de justicia para el pueblo ucraniano, sino de una repartición global de la influencia. El movimiento internacionalista debe reconocer que el 'orden basado en reglas' se ha convertido en un patio de juegos para autócratas y multimillonarios, dejando a los pobres globales a la deriva de las ruinas de un mundo sin ley.